
Flash
Soy una persona que suele estar
rodeada de gente, mmm no sé si lo pueda considerar amistad, pero siempre hay
gente con la que puedo contar, gente dispuesta a echarme una mano cuando lo he
llegado a requerir, o gente que me ha regalado una sonrisa que remienda cada
hilo emocional cuando mi alma de esta desgarrando, otra gente que me habla duro
para despertarme y devolverme a esta cruda realidad impidiendo que un sueño o
una pesadilla de apoderen de mi vida.
Soy una persona muy afortunada, pues gracias a toda esa gente que puedo
considerar héroes anónimos en mi vida estoy aquí. Además de ellos existe los
amigos que son permanentes, que son parte de mi vida y allí estarán siempre,
para charlar, para pelear, para alcoholizarnos, para llorar con ellos, o por
ellos, para sentir lo maravillosa que es la vida al no dejarte solo; con ellos
suelo contar siempre, porque aun cuando no los vea, están presentes, y son un
alivio para mi alma, son mis hermanos y hermanas; y como dice un poema que
escuché hace unos veinte años, “son una conexión con el pasado”.
Hoy hablare de un ser, que no
hubiera considerado mi amigo, sin embargo al día de hoy, después de más de tres
años de formar parte de nuestras vidas mutuas, y después de su partida, estoy
convencido que fue más que mi amigo, púes
toleró sin intentar comprender mi mal y mi buen humor, aunque este fuera negro,
me esperó cada día de estos emocionado a que llegara a casa para que le brindara
una caricia en su pancita, conformándose en ocasiones incluso hasta con una simple
mirada fría de mi parte, que lo hacía sentirse dichoso.
Todos los días durante estos
años, lo primero que hice al llegar a casa, fue buscar su plato para darle de
comer y charlar con él; y aunque nunca tuvo palabras para mí, estoy seguro que
fue porque los perros no cuentan con cuerdas vocales, no porque no las haya
tenido; afortunadamente, ya que de haberlas tenido seguramente hubiéramos
entablado largas charlas sobre la vida o la muerte, o las croquetas, o las
mujeres o los veterinarios; y tal vez hasta las hubiésemos concluido ebrios de
tomar cerveza con clamato.

Siempre tuvo una cara de consuelo
para mí, y mucha baba en su hocico que producía inmensas ronchas en la piel de
mis brazos, cada vez que jugábamos luchitas terminaba necesariamente dándome un
baño, pues mi ropa quedaba más sucia que la de una artesano de la construcción
y mi piel más dañada que mis costilla después de luchar con mi hijo, pero me
encantaba dedicar por lo menos un poco
de tiempo a regañarlo o acariciarlo, ya que me fascinaba esa cara de regañado
que siempre ponía. Fue un maestro del chantaje, pues fue el primer ser capaz de
hacerme sentir culpable de regañarlo, hasta que descubrí que irse al lado más
lejano del patio, echarse en el piso cruzando sus cortas y apelmazadas patas delanteras,
sosteniendo sobre ellas su larga cara o hocico con sus ojos rojizos como si
lloriqueara, extendiendo esas orejas enormes color café de casi veinte
centímetros en el piso, solo era su truco para que me acercara lleno de
compasión a acariciarlo y me arrepintiera de haberle llamado la atención. Aun así, me encantaba cuando la gente caía
seducida frente a ese recurso para hacerse de su simpatía, aun cuando todos me
consideraban el villano de la película.

Puedo contar innumerables
historias y aventuras con él, pues era un coqueto tremendo y un ejemplar
hiperactivo de ímpetu y curiosidad. Creo que si hubiese nacido humano,
tendríamos muchas en común. Si lo asemejará con alguna caricatura de mi
infancia, definitivamente diría que era una combinación de la elocuencia,
paciencia e inteligencia de Droopy con el tormentoso caos y energía de Taz. Energía que hasta sus últimos días
mostro, pues a pesar de haber tolerado una operación y no asimilar alimento por
muchos días, siempre tuvo unas fuerzas tremendas para buscarme y estar a mi lado.
Sé que así es la vida, hay cosas
que salen de nuestro control simplemente, hay otras que gracias a nuestra
imprudencia también salen de nuestro control, no sé cuál aplique en este caso,
muy probablemente la segunda; pero sin lugar a dudas, vivir con él, en
definitiva reivindico mi forma de pensar hacia los caninos, creo que ahora
entiendo esa frase de que “el perro es el mejor amigo del hombre”, y sin lugar
a dudas me hizo crecer como ser humano.
Hoy creo que he escrito lo que
necesitaba escribir, pues ya puedo decir que hace unos días despedí a uno de
mis mejores amigos; y aún me duele recordarlo y extrañarlo pues hace falta en
mi vida y deseo con todo el corazón que su compañía haya logrado el propósito
que se planteó, pues no solo movió mi mundo, sino también el mundo de algunas
personas que están cerca de mí, amigos a los que agradezco su apoyo moral y
activo, su preocupación, su ayuda y su ánimo, su disposición y sus palabras,
sus llamadas, sus mensajes, su atención,
gracias, siempre me he sentido muy cercano a ustedes y hoy me siento aún
más cerca y más querido; y por ello, mas afortunado.